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SENTIMIENTO DE CULPA POR UN HIJO SORDO

mama con sentimiento de culpa por un hijo sordo

Es normal tener cierto sentimiento de culpa por un hijo sordo. Yo también lo tengo, te cuento la razón por la que lo tengo y que no te esperas.

Creo que todos los seres humanos tenemos en más de una ocasión en nuestra vida el sentimiento de culpa por alguna u otra razón. Porque pensamos haber hecho una cosa mal en el pasado y que de alguna manera queremos o pretendemos repararla en el presente. Como he tratado mal a tal o cual persona, voy a regalarle una caja de bombones o unas flores para repararlo. Porque me siento culpable y creo que puedo enmendarlo, por lo que el sentimiento de culpa puede desaparecer si hago algo para remediarlo.

El problema es que en mi caso, el sentimiento de culpa por un hijo sordo lo tendré de por vida, o por lo menos así lo siento ahora.

Porque es algo que no podré reparar, ahora o en el futuro y al menos yo, me pregunto si lo podría haber detectado antes o algo podría haber hecho yo por mi hija sorda, Martina, durante sus dos primeros años de vida antes de que me enterase de que era sorda. Al final del post te cuento por qué tengo ese sentimiento de culpa mayor, si cabe. 

Estoy siendo sincera conmigo misma y con todos vosotros. No me siento para nada mala madre, pero siempre me quedará la duda de si podría haber hecho algo más, o si podría haberme enterado antes de que fuera demasiado tarde para remediar su hipoacusia.

Entiendo que todos aquellos papás que en el embarazo o en el parto les dicen que su hijo va a ser sordo es algo inesperado y por supuesto igual de malo que mi caso

Pero no sé, en mi caso, pensar que tu hijo está bien, está sano, y llevas dos años con ella, Martina en mi caso, y de repente que te digan que no, oiga!, que su hija, que conocía hasta hoy, no es así como usted la conoce, es que es sorda!.

No lo sé, pero es algo difícil de explicar lo que se te pasa por la cabeza y menos de digerir. Te cambian a tu hijo por otro de un día para otro y sin previo aviso. Os explicaré en otro post cómo viví yo las distintas etapas que terminan con la aceptación de que tienes un hijo sordo.

Mi hija Martina no nació sorda, o eso me han dicho los médicos.

Porque tengo los informes médicos del hospital donde certifican que auditivamente y ocularmente la niña estaba bien. No tenía ningún problema. Sin embargo, no me preguntéis porqué, pero yo tengo la intuición como madre, que mi hija no estaba bien.

Os contaré en otro post si queréis por qué digo esto, sobre todo en relación al parto, por cómo fue, los problemas que luego tuvo Martina durante sus primeros meses de vida, pero en cualquier caso los informes médicos están ahí y dicen que mi hija no nació sorda.

Si no nació sorda, ¿entonces cuándo se volvió sorda y sobre todo por qué se volvió sorda? Imaginaos por un segundo el sentimiento de culpa que tengo simplemente al pensar que quizás yo podría haber hecho algo para detectar antes que mi hija estaba bien y de repente se convirtiera en sorda. ¿Podría haberlo evitado de alguna manera?¿Podría haberlo detectado antes?

Luego con el tiempo, y claro leyendo sobre esto en internet, te enteras de que puede haber sido una infección, o bien en el embarazo o bien durante el parto o durante los primeros meses de vida o cualquier medicamento que le hayan recetado. En cualquier caso, te dicen los médicos que esto le puede pasar a cualquiera y que no tiene por qué ser culpa de la madre o genéticamente de cualquiera de los padres, sino de cualquier factor.

Pero siempre te quedará ahí ese sentimiento de culpa. 

El caso es que, a día de hoy, con casi 4 años que tiene Martina, desconozco por completo cuál es ese factor que le convirtió en sorda.

Y creo que necesito saberlo para terminar de superar el sentimiento de culpa y el duelo que supone enterarse de que tu hijo es sordo.

Ya os expliqué en este post, como me enteré de que mi hija era sorda, pero hay algo que no os conté ahí. Y es, cómo empecé a intuir que mi hija no oía bien, y que es quizás lo que más siento en estos momentos que podría haber hecho algo antes y en ese momento no caí, y me arrepiento mucho de ello. Os lo he dicho al principio del post, y os lo cuento ahora.

Yo, como alguno de vosotros sabéis vivía en Lima. Me trasladé allí con mi familia por el trabajo de mi marido. Martina tenía 6 meses cuando nos fuimos para allá. Ella había tenido cólicos del lactante, los primeros meses de vida y la verdad fue un primer año duro. El caso es que en Lima parecía que empezábamos una nueva vida. Por aquel entonces preferí no llevar a mis hijas a la guardería y aprovechar que eran pequeñas y no trabajaba para cuidar de ellas. Contratamos a una chica que me ayudaba con ellas en casa, a hacer las tareas, así podía dedicarme yo más a cuidarlas.

Sin embargo, algo pasaba con Martina. Siempre había sido una niña muy gritona.

Ya en el primer día de vida nos asustaba con sus gritos. Pero no le dimos importancia. Esos gritos fueron a más y allí en Perú se convirtieron en insoportables. Tanto es así que en más de una ocasión me han llamado vecinos a la puerta de mi casa para preguntar si todo iba bien con la niña, incluso el portero me llamaba para decirme que se quejaban los vecinos. Cada vez que iba al parque con las niñas y las sentaba en el carro, Martina no paraba de gritar todo el viaje, de ida y de vuelta. Es más sólo se calmaba cuando yo me ponía a su altura y la tocaba. Si no, gritaba. 

Otra de las cosas que siempre hacía era llorar y gritar para que la cogiera. Os juro que los primeros tres años de vida he tenido a mi hija cogida en brazos. De hecho hoy en día tengo problemas en un hombro por el peso que he cargado. Y sólo se calmaba conmigo. 

Claro, lo digo ahora y todo eso que yo pensaba por aquel entonces de que mi hija era un “poco” gritona y que me exigía mucho, sobre todo comparado con mi otra hija Carlota, lo pienso ahora y claro lo relaciono con su hipoacusia. 

No me oía y quería tenerme al lado, no me oía y por eso gritaba, no me oía y por eso quería tocarme.

Qué importante es el desarrollo del resto de sentidos cuando no se dispone de uno de ellos.

Y, de todas esas cosas, yo no me di cuenta en su momento de por qué las hacía y por qué mi hija era así. Ahora ya lo entiendo. Por eso mi sentimiento de culpa.

Espero que este post, os sirva también a todos vosotros, si os sentís en la misma situación que yo, tenéis este sentimiento de culpa os invito a que lo compartáis, me dejéis un mensaje y entre todos podamos de alguna manera a ayudar a aliviar este sentimiento. Os digo que estoy muy muy contenta porque por otro lado escribir este post me ha servido un poco de terapia. Así que os animo a que vosotros también lo hagáis.

Os animo a que me sigáis en redes sociales, en youtube, en instagram y también por aquí en mi blog.

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